Sea Notes

translated by Suzanne Jill Levine
Painting by Lydia Rubio, “That sea at night is a sea of fragility”

     The sky over tonight’s sea is a mirror of glittering fireflies. Writing expands, attentive to this limitless sea that, night after night, grows even more immense.

     In the distance a tear splashes and slides in the sand.

     This sea, perhaps only my sea, has only a few islands to spare. Perhaps only two, quite far away. I think of those two lonely islands under a rainfall of ashes. When my heart was a seed, poppies grew beside the sea, guiding my dreams. The sea watching over me, like a firefly over a good night’s sleep. I imagined her spreading sheets over me, rocking me gently. I imagined her imitating siren songs for me and the seashells and I grew up.

     I grew up between the sea and dreams of water.
     How was that sea? Was that sea yours too, the one we saw in the distance, bringing us the voices of the wind and of fearless women?

     It was only the sea and its words.
     The sea and its flowing world.

     On this sea always searching for light, I see your eyes filling with light. Then a hand reaches for mine or lips seek some wave with desire that leads us half-asleep around the moon. That sea at night is a sea of fragility, a sea of absence, an ocean of questions.

 

 

      The children of the sea who descend the steps in their shiny leather shoes and dressed in silk. They walk along the shore of that sea condemned by mankind. Children trapped deep in the sea and condemned by the decree of men.

 

     My mother’s eyes are ancient like the sea, sometimes blue and at times violet. I have seen myself in them and have also found in them a sea of mirrors like fate. One day I found an island in her eyes and a sad darkness shipwrecked upon her shores. She looked at you that way until one day you filled with light the world you kept captive in your eyes.
     In her brief pauses, in the amazement of a silence that seeks us out, I learned what is forgotten, and that love itself fades away. What is treasured by day can be found again in the sound of a freshwater sea, in a sea that enfolds everything into its refuge.

     One loves the sea from a distance.
     The sea that every night becomes peace and sleep.
     The subtle cadence and rhythm.

     The sea at night that tells stories and that also I desire.

     The sea also waits and wants your eyes, needs your lips to name it from time to time. The sea also looks for warmth among us, a light with a voice, eyes that come to gaze. The sea and its shared solitude.

     Beneath that sea there might be a nest, a nest that is always warm and still, a nest is a country. The sea along these coasts makes me dream of waves, waves that bring back that word to me, that word I lost one day when I left its refuge behind.

     The sea one day went to the mouth of a river, to the riverbank, to the edge of the coast where everything is a constellation of life, of clear or muddy waters, of mud and salt.

     One can neither silence the sea nor the voice of love one hears way out in the deep blue sea. The same sea that would fall in love with its islands, little like newborn waves – I want to get close, sail around, and make a nest among their hidden coves.

     Of all we miss, of all the absences, the sea holds my deepest desire, feeling in one’s senses the night of its nights, my night, night abandoned. The sea that knew nothing about absences tossed faraway the magic in those letters time took away. And the sea of foam emerged. The fiery lightning between the paths of its water. The sea of love that enfolds bodies and puts them to sleep, the sea of clear nights, the sea that gives.

     Did the sea in its cove look at the names of those children? Those who descended into the deep beyond any light? Does the sea look at the names of boats coming from other oceans? At the names of women who gather their tears from the sand?

     Only the sea embraces those who go far away, those who bring stories which spill the tears that will emerge in the foam where the waves break, where all at once there is nothing and everything.

 

     The children of the sea who descend the steps in their shiny leather shoes and dressed in silk. They walk alongside that sea which men condemn. Children trapped deep in the sea and condemned by the decree of men.

 

     Of all absences the sea has what I most deeply desire, feeling in one’s senses the night of its nights, my night, night abandoned. The sea that knew nothing about those absent tossed far-flung, about the magic in those letters time took away. And the sea of foam emerged. The fiery lightning between the paths of its water. The sea of love, that enfolds bodies, that puts them to sleep, the sea of clear nights, the sea that gives.

     Did the sea keep in its cove the names of those children? Those who descended into the deep beyond the light? Does the sea keep the name of boats coming from other seas? The names of women who gather their tears from the sand?

     Only the sea embraces those who go far away, those who bring back stories which spill the tears that then arrive in the foam where the waves break, where all at once there is nothing and everything.

Translation from the Spanish

 

Notas del mar

1.

El mar mira a las luciérnagas como a centinelas de un cielo espumado. La escritura, en su infinito despliegue, aguarda noche a noche a este mar que es aún más infinito.
A lo lejos el rumor de una lágrima que escurre por la arena.
El mar éste, el mar tal vez el único mío no tiene muchas islas para entregar. Tal vez dos algo lejanas. Pienso en la soledad de un par islas extrañas bajo una lluvia de cenizas. Cuando tuve el corazón de la semilla fueron amapolas junto al mar quienes guiaron mi sueño. El mar, mi centinela, esa luciérnaga del buen dormir. Yo lo imaginaba cubriéndome las sabanas, meciéndome. Lo imaginaba imitando cantos de sirena para mí y las caracolas y así crecí junto a él.
Crecí entre el mar y sueños de agua.
¿Cómo era en aquel mar? ¿Fue tuyo también ese mar que distante en la mirada nos traía voces del viento y las intrépidas?
Fue tan solo el mar y sus palabras.
El mar y la elocuencia de su mundo interior.

Y así de tanto buscar una luz sobre este mar encontré la de tus ojos. Y así una mano que se acerca hacia la otra o un labio buscando en el deseo algún oleaje que nos guíe por la luna adormecidos. Ese mar que por la noche es mar de fragilidad, mar de ausencias como un océano de interrogantes.

* * *

The children of the sea who descend the steps in their patent leather shoes and silk clothing. They walk beside that sea which men condemn. Children trapped deep down in the sea and condemned by decree of the men.

2.

Los niños del mar los que allá bajan con zapatos de charol las escaleras y vestidos de seda. Van juntos a ese mar que los hombres condenan. Niños atrapados en el fondo y condenados por el decreto de los hombres y no por el mar.

3.

Los ojos de mi madre son antiguos como el mar, son a veces de celeste y otras también violetas. En ellos me he visto y en ellos también encontrado un mar de espejos como el azar. En sus ojos un día encontré una isla y la oscuridad de una tristeza que naufragaba en sus costas. Y te mire de esa manera hasta que un día llenaste de luz el mundo que guardabas en tus ojos.
En la brevedad de sus pausas, en el asombro de un silencio que nos busca, aprendí que lo olvidado y que el amor se desvanecía. Lo atesorado en los días se puede encontrar de nuevo en el sonido de un mar dulce, en un mar que todo lo acoge en su refugio.

El mar es lo que se ama desde lejos.
El mar que por las noches fuera paz y el sueño.
La cadencia sutil.

El mar que por la noche historia y también deseo.

4.

También el mar aguarda y quiere tu mirada, necesita de tus labios para nombrarlo de vez en cuando. También el mar que busca entre nosotros la tibieza, una luz con voz, una mirada que acude. El mar y sus soledades compartidas.
Bajo ese mar puede haber un nido, el nido es siempre tibio y quieto, un nido es un país. El mar en estas costas me hace soñar con un oleaje que me devuelve esa palabra, aquella que extraviara cuando un día me alejé de su refugio.
El mar un día se acercó a la boca del río, a la orilla de sus aguas, al borde costero donde todo es constelación de vida, de aguas claras y turbias, de barro y sal. No se puede silenciar el mar, no se puede la voz del amor que es la voz de un mar adentro. El mar que se enamorara de islas, de aquellas tan pequeñas como ola recién parida y así quiero acercarme y navegar sus recovecos, hacer un nido en ellas.

5.

De todas las ausencias siempre es la del mar el deseo más profundo, el sentir de la noche de sus noches, la noche mía, la noche que abandona. Y el mar que no entendía sobre ausencias lanzó una magia en aquellas cartas que el tiempo se llevaba. Y surgió el mar de las espumas. El relámpago de fuego entre los senderos de su agua. El mar de amor, el que cobija los cuerpos, el que adormece, el mar de las noches claras el mar que entrega.
¿Guardaba el mar en su nicho el nombre de esos niños? ¿Aquellos que descendieran al fondo tras su luz? ¿Guarda el mar el nombre de los barcos que llegan de otros mares? ¿De las mujeres que recogen su lágrima en la arena?
Tan solo el mar es quien acoge al que se aleja, a quien regala sus historias que derraman lágrimas que luego llegan en su oleaje donde rompe la espuma, donde nada y todo es al mismo tiempo.

6.

No existe amor clandestino.
No existe amor deshonesto ni menos oculto
Pues el mar nada oculta.
El amor es claridad viajera, luz y también sombra
Territorio de abundancias
Vasto, tan vasto como el sonido del mar que lo encierra.
El amor es vertiente y sendero.
Puente entre el día y la noche
Puente entre la vida y la muerte.
Pausa entre un beso y el otro.
¿Dónde guardara el mar nuestros secretos?
¿Guardará el mar el nombre de los niños muertos?
¿El nombre de aquellos que buscaban la otra orilla?

¿Guardará el mar la huella en sus las arenas?

7.

Una mujer vivía en una isla
El mar entre sus manos cuidaba de los pájaros que allí anidaron.
A esa isla fue la vida y también la muerte.
La mujer y sus pájaros
Sólo el agua, el sol y el tiempo
Y sus pájaros
Sus pájaros, la vida y también la muerte

Y en el vasto mar una cintura errante como amor incierto como palabras desoídas.
Y aprendimos a conocer lo infinito y lo que oculta el fondo de sus ojos.
Lo oculto me narraba historias y sonidos en la sombra de su cuenco
Y fue la música

También el mar necesitó nuestra mirada.
Ese mar que se abre como novela por leer.
El mar que en la noche se cierra como un poema
Como una carta hecha de aguas.

8.

Muchas veces te dibujaba el mar. Lo pintaba en tus palabras y lo envié sobre una carta hecha de aguas. Y te obsequiaba el mar de Chile. El intrépido mar de costa a costa. Y tú me obsequiabas el Adriático e intercambiamos nuestra historia de amor y de agua.
El mar desbordado inquieto como amor fugitivo, el mar como secretos en el tiempo. Como una voz lejana que llega por las noches, el mar y tú. Tú y el mar en las noches de marea.

9.

De todas las promesas la que no falla es la del mar.
Ese mar que entraba por tus ojos y tuvo sed de ti por las noches. En las ciudades sin mar lo recordaba. El mar de Chile que desnudo en mi infancia hizo de luz en su sonido. Como el poema no leído, como ellos que tan solo se hacen con la voz del mar y su recuerdo.

En la memoria el mar prepara el sueño de un oleaje que adormece.
De tu mar al mío imaginarias las distancias.

Añoro el mar de Chile, extraño las noches de ese mar, de ese mundo lejano, de esa costa distante que amparó nuestra infancia. Extraño ese mar que un día nos dejara a la deriva y que me hablaba con benevolencia de sus costas.

También el mar busca a quien amar.
No una luna distante, no las algas que custodian su entrada.
El mar busca alguna nube con quien jugar.

10.

Sobre los puertos que llegan al mar que recoge y que libera.
¿Tendrán aún la voz esos relojes que caen de una mano desprevenida hacia su fondo?
¿En qué voz el mar les da la bienvenida?

El mar de Chile un día perdió la voz
Y en la tuya años después busqué un sonido para crearle alguna nueva.
El mar Pacífico, sonoro y agudo el que me viera crecer y quien aún me crece en la mirada
Mi mar y su pertenencia infinita
Y cuando tu voz se hizo silencio entendí que la voz del mar también hablaba sobre la ausencia

11.

Así pasó el tiempo y un día en el roquerío el mar se fue de fiesta. Para ello eligió un vestido de arenas trizando con furia los relojes en su andar. Y con la voz usurpada su arena me habló sobre horizontes. El mar necesitaba encontrar su voz, la voz cómplice de algún sonido sobre el cual nadar. Necesitaba la quietud para que alguien lo escuchara, quería contarme los secretos, las pequeñas alianzas de un ojo cómplice.
Y así el mar se vistió de sombras. El fulgor de su luz se oscureció y el mar se enroscó furtivo. Sin embargo regresó bajo una ola de tristeza luego de un exilio el mar volvió a mis pies y dijo perdóname en su idioma extraño perdona si algún día me vestí de sombras. No importa le contesté, aquello ya ha pasado, ahora puedes vestirte con la luz. Y sin saber ni preguntar tan solo con sentir su oleaje enamorado el mar, como un día lo hicieran tus ojos, se convirtió en mi refugio.

Como palabras de agua viva

Editorial note: Excerpted from “Notas del mar.”


Marjorie Agosín is the Luella LaMer Slaner Professor in Latin American Studies at Wellesley College. She is an award-winning poet and human rights activist whose work addresses issues of social justice as well as the pursuit of memory. The United Nations honored her with a leadership award for her work in human rights. Her most recent books include Braided Memories / Memorias trenzadas and Maps of Memory.


An eminent translator of Latin American literature and Guggenheim Fellow, Suzanne Jill Levine’s recent works include her five-volume edition of Jorge Luis Borges’s poetry and nonfictions for Penguin paperback classics, the anthology Untranslatability Goes Global (Routledge), and her translation of Guadalupe Nettel’s Bezoar and Other Unsettling Stories (Seven Stories).